Mi vida en referencias

 Observé el campamento ante el portal que atravesaría más tarde; un refugio temporal que, para ser honesta, parecía más grande de lo usual. Me acerqué con pasos indiferentes a un árbol cercano a la hoguera y me senté. Mi llegada temprana, una costumbre arraigada en mí, me brindaba la tranquilidad de un espacio prácticamente vacío. Un vistazo rápido me mostró rostros conocidos, pero opté por no entablar conversaciones. Con suerte, podría descansar hasta la hora de preparar el equipo para la incursión en la mazmorra.

Me recosté, cerré los ojos, pero mis esperanzas se desvanecieron cuando Akane irrumpió gritando mi nombre, arrastrando a Yamada, quien se dejó caer junto a mí buscando el lugar perfecto para descansar. Dormir se volvía una tarea imposible con la creciente afluencia de gente.
  
    -Teyvat llamando a Arya, ¿hay alguien ahí? Dime que no te has pasado la noche jugando a ese Honkai con Yamada. Vaya cara que tenéis los dos...
    -No, anoche estuve leyendo, no me iba bien la conexión.
    -Siempre igual, Hermione y tú sois incapaces de parar de leer un libro cuando os engancha.- Comentó Akane llevándose la mano a la cara.
    - Pasas que cosan.- Respondí encogiendo los hombros.

Con la esperanza de conseguir algo de descanso, me preparé para dormir, pero la paz fue efímera cuando Cosette llegó saludando con su energía característica.

    - Arya, ¿otra vez durmiendo?
    - Cosette, ¿otra vez hiperactiva?
    - Todo el mundo me llama Destiny menos tú... ¿Llegará el momento en el que cedas?
    - Déjame pensar… - Hice una pausa para que pareciera que lo estaba pensando. - No.
    - Ay, tan arisca como siempre, me recuerdas a Merlina.

Sin molestarme en responder, saqué las cartas del Hearthstone, segura de que Yamada se uniría a una partida. La idea de dormir ya había sido abandonada ante la situación. Mientras él barajaba las cartas, busqué mis auriculares, pero no encontré la caja de Toman donde solía guardarlos. Suspiré ante la idea de tener que soportar el bullicio hasta la hora de entrar a la mazmorra.

En medio de la partida, vi que Cosette dejaba de hablar con Akane para saludar a alguien más. "¡Violet, Clare! ¿Qué hacéis aquí?", exclamó con entusiasmo.

"Violet" y "Clare" eran nombres que no me sonaban en absoluto. Fruncí el ceño y observé cómo llegaban dos chicas: una de baja estatura, con el pelo rubio recogido en una trenza, vestida con un vestido blanco liso, y la otra más alta, de pelo moreno corto, que vestía una armadura plateada.

    - Hola, señorita Destiny. Qué agradable es verte por aquí. - dijo la más baja con formalidad.
  - Violet, sabes que no hace falta ser tan formal conmigo. ¡Somos amigas! - respondió Destiny, colocando su brazo sobre los hombros de la chica y sonriendo.
    - Sabes cómo es, dale tiempo Destiny. - alegaba la de mayor estatura.
    - Bueno, ya se acostumbrará a Runeterra.

Mientras Destiny presentaba a las recién llegadas, no podía dejar de observar la brillante armadura de la tal Clare, quien, al conversar con Destiny, se giró ligeramente, revelando el enorme mandoble en su espalda, que era muy parecida a la de Diluc. Aquello debía de pesar una tonelada. Cuanto más la miraba, más me resultaba familiar, aunque recordaba a alguien con cabello y ojos color platino, no moreno. Seguramente solo era una semejanza.

    - ¡Qué maleducada soy! Clare, Violet, la chica rubia allí es Akane, la morena sentada en el suelo soy yo, y el chico con el que está jugando es Yamada. - Presentó Destiny, señalando a cada uno de nosotros.- Ellas son dos amigas con las que hice una mazmorra hace dos o tres semanas.
    - Oh, ¿Arya? ¿Cómo la de Juegos de Tronos?
    - No, Arya como la de Eragon. Mis padres eran muy fanáticos de la saga.
    - Disculpa, no conocía esos libros. -se disculpó la chica de la armadura.
   - No te preocupes, todo el mundo se equivoca.- respondí con una sonrisa tenue, acostumbrada a la confusión.

A la charla de Destiny, Clare y Violet se unió Akane, y volví mi atención a la partida. Al dirigirme a Yamada, lo encontré absorto en su móvil, probablemente jugando al Palworld. "Realmente está viciado", pensé para mis adentros.

Saqué mi propio móvil y vi un mensaje de Daichi recordándome que debía entregar el informe de las mazmorras exploradas ese mes. Resoplé y me sumergí en las notas del móvil, revisando el contenido de la más reciente:

→ 01/02/2076, mazmorra con arañas gigantes.
→ 06/02/2076, mazmorra con cyborgs.
→ 10/02/2076, mazmorra con maldiciones encarnadas.
→ 15/02/2076, mazmorra con titanes.
→ 19/02/2076, mazmorra con yomas.
→ 23/02/2076, mazmorra con nomus.
→ 27/02/2076, mazmorra con ____.

Cuando termine esta incursión, me encargaría de rellenar el informe y entregárselo a Cynthia Goodsky o a Dumbledore, al primero que se cruzara en mi camino. Con suerte, la mazmorra de hoy no sería tan infernal como las cuatro anteriores. "Son verdaderamente horribles", pensé mientras comparaba la experiencia con la sensación de recibir un golpe orbital o ser aplastada por un cierratelones. Llegué a la conclusión de que la sensación tiene que ser prácticamente la misma.

Vi a Vex y Vax acercándose, seguidos de Trinket, anunciando que pronto ingresaríamos al portal y era momento de realizar las últimas revisiones. Coloqué la mochila entre mis piernas y comencé a enumerar mentalmente su contenido: kunais, arco con su respectivo carcaj y flechas, pociones de resistencia, la vandal, algunas vendas... Mi mochila, como un inventario en otra dimensión, me permitía llevar muchas cosas sin sentir el peso. Esto era una gran ventaja puesto que cada enemigo tenía una debilidad diferente y así podía llevar prácticamente armas de todo tipo. La parte negativa era que debía tomarme unos segundos para sacar lo necesario.

La espada es mi arma principal, siempre digo que me recuerda a mis días de juego con mi caballero de la muerte en el World of Warcraft. Aunque sea más pequeña que la de Tanjiro y no use tres como Zoro, soy igual de eficaz.

El arco siempre será mi última opción; me siento como Katniss, pero con peor puntería; afortunadamente, tengo a Vex para asegurarme de no tener que usarlo.

Eché otro vistazo a mi alrededor. Clare, con su imponente armadura, será el tanque indiscutible. Violet y yo ocuparemos la segunda línea, seguidas por Astra, encargada de obstaculizar la visión de los enemigos. Akane se situaría un poco más atrás para tener una visión completa del grupo y sanar a quien lo necesitara. Cerrando la formación estarían Yamada, Vex y Vax, expertos en infligir daño sin necesidad de estar cuerpo a cuerpo. Todos estábamos listos.

Mientras me encontraba frente al portal, reflexioné: "Con suerte, este será el último portal que tenga que atravesar. Estoy cerca de saldar la deuda que mis padres me dejaron, y podré ser una persona normal que disfrute de placeres sencillos como ir a conciertos de Mägo de Oz con mis amigos."

Finalmente, crucé el umbral del portal seguida por el resto de la expedición, preparados para luchar y vencer, o morir en el intento.

Comentarios

Entradas populares