De desconocidos a iconos
Esta semana nos adentramos en el musical de Bohemian Rhapsody (2018), una película que nos lleva al mundo de la legendaria y exitosa banda Queen. Gracias a este filme nos convertimos en testigos del ascenso vertiginoso de la banda, desde su comienzo hasta convertirse en los iconos globales del rock que, a día de hoy, siguen teniendo un gran número de seguidores.
Para aquellos que aún no conozcan esta excelente película, Bohemian Rhapsody nos cuenta la historia de Queen, desde la formación de la banda en los años 70 hasta su histórica actuación en el concierto benéfico Live Aid de 1985. Algo que destacar del musical es la poderosa interpretación de Rami Malek como Freddie Mercury.
La banda sonora es una recopilación de los mayores éxitos de Queen, incluyendo clásicos como "We Will Rock You", "Another One Bites the Dust", "Somebody to Love" y, por supuesto, "Bohemian Rhapsody". Todas estas canciones son una obra maestra y podríamos profundizar en todas de manera individual pero, en este caso, nos centraremos en la última.
"Bohemian Rhapsody" es como una montaña rusa, desde las partes más suaves hasta sus explosivos solos de guitarra. Esta canción desafió las normas preestablecidas del rock y redefinió los límites de este género musical. La duración, casi seis minutos, fue uno de los factores que más impactó en las costumbres musicales de la época, ya que en ese momento las canciones duraban aproximadamente tres minutos, a veces un poco más, pero nunca superando los cuatro.
En resumen, "Bohemian Rhapsody" es una canción que sigue siendo muy relevante a día de hoy. En una sociedad donde la música es una forma de expresión, esta canción es un emblema de la creatividad y originalidad y nos recuerda cómo la música es capaz de unir a las personas.




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